Bodas de oro
Con la voluntad de rememorar los momentos más gloriosos de esta sala, indefectiblemente unidos a la evolución del jazz de las últimas décadas, Mas i Mas ha propuesto un programa específico centrado en los aspectos siguientes:
Tributos

Una serie de bandas creadas para la ocasión rendirán tributo a la memoria de grandes del jazz relacionados directa o indirectamente con la sala. Así, en 2010 pondrá en marcha una banda ad-hoc, conformada por valores emergentes de nuestro jazz –Julián Sánchez, Paco Weht y Ramón Prats, entre otros–, que rememorará la grabación histórica de Ornette Coleman Free Jazz, de la que precisamente se cumplen 50 años en 2010. Uno de los mejores saxofonistas de la escena actual del latin jazz, Jimmy Jenks, será el encargado de homenajear al contrabajista Cachaíto López (2-I). Cinco días más tarde, el baterista Julian Vaughan emulará al rey de los timbales Elvin Jones (7-I), mientras que los artistas Horacio Fumero (14-I) y Pierre Boussaguet con Ignasi Terraza (15-I) nos recordarán la obra del catalán universal Tete Montoliu.
Un saxofonista de bandera, Abdu Salim, pasará revista al legado del legendario John Coltrane (22 y 23-I) y un no menos histórico guitarrista, Philip Catherine, explorará el legado de Lou Bennett (29 y 30-I). El jazz clásico también estará representado en esta tanda de homenajes con el recuerdo del clarinetista Artie Shaw, cuando se cumple el centenario de su nacimiento. Será de la mano del también clarinetista Oriol Romaní, (4-II).
Superbandas

Tres superbandas únicas, integradas por músicos nacionales de reconocido prestigio, ofrecerán algunas de las sesiones más esperadas de este aniversario. Una de estas, The Jamboree All Stars, con Perico Sambeat, Llibert Fortuny, Albert Bover, Masa Kamaguchi y Marc Miralta, será la encargada de poner música a la celebración oficial del aniversario del Jamboree, el 9 de enero de 2010, a las 20 h. Otra formación, Fresh Sound All Stars (20-I), con Carme Canela, Gorka Benítez, Benet Palet, Masa Kamaguchi y David Xirgu, reunirá la flor y nata de los artistas nacionales del reconocido sello discográfico Fresh Sound, punta de lanza de la renovación del jazz catalán durante los años 90. Finalmente, un grupo específico, formado por Francesc Burrull, Josep Maria Farràs, Federico Mazzanti, Joan Albert, Adrià Font y Dimitri Skidanov, The Jamboree Gold Stars (18-II), pondrá en escena una selección de los jazmen clásicos más respetados del país, alguno de los cuales actuaron durante la primera etapa del Jamboree.
Retornos
Además de trompetistas como Benet Palet, el aniversario del Jamboree prevé el retorno en escena de bandas desaparecidas que en sus tiempos removieron la escena barcelonesa. Es el caso del trío de blues Txell Sust & August Tharrats Blues Trio (10-I), del también blueser Steve de Swardt (31-I) o del grupo de funk y jazz fusión Estamos Reunidas (11-II) que une a dos de las voces más preciadas del jazz barcelonés: Carme Canela y Laura Simó.
Estrellas internacionales

Entre otros tótems del jazz internacional, visitarán la sala el boper de Nueva Orleans Jesse Davis (5-II), discípulo de Wynton Marsalis, la jovencísima Melissa Aldana (12-II), la última sensación de la prestigiosa escuela de jazz Berklee College of Music, el escandinavo Kari Ikonen (13-II), protagonista de una de las escenas más vanguardistas del jazz europeo, el alemán Robert Menzel (24-II), todo un prestidigitador del saxo y, sobre todo, el rey del bop y del smoth jazz Donald Harrison (26 i 27-II), actualmente uno de los saxos más solicitados de la ciudad de los rascacielos.
La programación especial en motivo del 50 aniversario del Jamboree también reservará un lugar a jazzistas consolidados del país, como Marc Ayza, Giulia Valle, Jordi Matas, Gorka Benítez o Cristina Vilallonga, así como a nuevos valores en alza, como Marco Mezquida y Celeste Alías. Un prodigio de la trompeta, Fèlix Rossy, actuará en compañía de su padre, Jordi Rossy, en un concierto especial para recaudar fondos para un documental sobre la relación entre la escena de Nueva York y Barcelona (6-II). Entre las sorpresas del cartel está la presencia por primera vez del trío de flamenco-jazz-fusión Benavent-Di Geraldo-Pardo (20-II), un supergrupo conformado por tres de los pioneros de este género.
En los meses siguientes está prevista la visita de Roy Haynes, Ronald Baker, Kenny Garrett y Ravi Coltrane.

Barcelona tiene el honor de ser la puerta de entrada del jazz en España. No en vano, los expertos sitúan las primeras sesiones de jazz en 1920, en el Teatre Principal de la Rambla. El género afroamericano contó desde principios de los años 20 con una importante legión de seguidores en la ciudad condal y, a pesar de los obstáculos de épocas tan convulsas como la Guerra Civil, sobrevivió gracias a la iniciativa incansable de heroicos aficionados. Durante la postguerra, y a pesar de las dificultades del franquismo, surgieron iniciativas como el Hot Club o el Jubilée Jazz Club que trajeron a la ciudad a artistas de renombre y sirvieron como plataforma para los músicos locales interesados en el jazz. Precisamente, la actividad ferviente del Jubilée a finales de la década de los 50 motivó la apertura del Jamboree.
Un club de referencia
A principios de 1960, el empresario Joan Rosselló convertía el bar Brindis, situado en el número 17 de la Plaça Reial, en una cava de jazz que se llamó Jamboree, una palabra en zulú adoptada por el movimiento boyscout que significa “reunión de tribus”; propuesto por el crítico Javier Coma. La sala Jamboree nació para dar cabida a las sesiones del Jubilée Jazz Club, una entidad pionera en la difusión del jazz por aquel entonces el más atrevido de Barcelona, y fue oficialmente inaugurada el sábado 9 de enero de 1960, a las 6 de la tarde, con un quinteto liderado por el pianista Tete Montoliu con Antonio Vidal (contrabajo), Perry Robinson (clarinete), Vicho Vicencio (saxo tenor) y Chip Collins (batería). Desde entonces hasta 1968, año en que cerró sus puertas, la sala barcelonesa consiguió situar a la capital catalana en el circuito de giras de las grandes estrellas del jazz internacional. Si en un principio subsistió como un club donde se podía escuchar discos de jazz y se organizaban charlas en torno a este género, pronto se convirtió en parada obligatoria de las tournés de músicos norteamericanos de primer orden, que venían procedentes de los clubes más emblemáticos de Londres, París, Roma o Berlín.

Figuras como Bill Coleman, Kenny Drew, Chet Baker, Ponny Poindexter, Art Farmer, Lou Bennet, Stéphan Grappelli, Kenny Clarke, Ornette Coleman o Dexter Gordon subieron al escenario del club o actuaron en auditorios más grandes, por iniciativa de los responsables del Jamboree. Uno de estos conciertos más sonados fue el que protagonizó Ella Fitzgerald y Duke Ellington en el Palau de la Música, el 25 de enero de 1966, con motivo del sexto aniversario de la sala. En otra ocasión, el saxofonista Albert Ayler participó en una jam session cuando todavía era un músico desconocido. Figuras míticas del jazz catalán como Francesc Miralles, Enric Ponsa, Josep Farreres, Pere Ferré, Francesc Burrull, Salvador Font “Mantequilla” o el propio Tete Montoliu iniciaron su carrera en las mesas del Jamboree, donde compartían espacio con músicos extranjeros residentes –la cantante Gloria Stewart, por ejemplo- o de paso por la ciudad condal. No en vano, el empresario Rosselló promovió la creación de bandas como los Jazz Brothers o los Jamboree Jazz Stars y jam sessions antológicas que atrajeron a aficionados de todo el país y que convirtieron al Jamboree en “el mejor club de jazz de España”, según decía uno de sus carteles publicitarios.
El Jamboree no sólo contribuyo de forma decisiva a elevar el nivel de la escena jazzística de Barcelona, sino que también dinamizó la oferta cultural de la Plaça Reial y de su entorno, y fue el punto de encuentro de críticos como Javier Coma y Albert Mallofré o del periodista Joan de Sagarra. En diversas ocasiones, la radio grabó algunas de sus sesiones. Artistas, futuros intelectuales e incluso liceístas coincidían en el club barcelonés convirtiéndolo en uno de los lugares culturalmente más activos de la ciudad. Sin embargo, el empuje de locales como Bocaccio y el progresivo decrecimiento del interés por el jazz, en beneficio de las sesiones de flamenco que se ofrecían en el vecino Tarantos, provocaron el cierre de la sala en 1968. Atrás quedaba la experiencia de haber bastido por primera vez un club de jazz a la altura de los mejores locales del género de Europa, de haber labrado un camino para convertir Barcelona en una de las ciudades con la escena jazzística más dinámica del Viejo Continente.
Nuevos tiempos, nuevos músicos, nuevas experiencias

En 1992, en plena fiebre olímpica, el abogado Javier Cámara adquirió el local que ocupaba el Jamboree con la intención de reabrirlo como cava de jazz. Dicho y hecho, el 23 de julio de ese mismo año empezaba la segunda época del Jamboree, con el empresario Joan Tordera –propietario de la legendaria Cova del Drac- como programador. Entre los primeros hitos de la nueva época cabe destacar la actuación del combo alemán Embryo o de un jovencísimo Jordi Rossy, llegado de los Estados Unidos después de quedar finalista del prestigioso Premio Thelonious Monk. No obstante, las dificultades económicas forzaron a sus propietarios a vender el local nueve meses más tarde. En mayo de 1993 el grupo Mas i Mas adquirió la propiedad del local.
Con la filosofía heredada de los tiempos en que una misma sesión de jazz se completaba con un poco de baile, Mas i Mas puso en marcha una propuesta basada en la celebración diaria de un concierto y, posteriormente, de una sesión de baile con los mejores disc jockeys de música negra de la ciudad. La fórmula, bautizada como Jazz & Dance, sirvió para acercar el jazz a las generaciones más jóvenes y permitió cubrir una parte importante de los gastos del local. Con una política basada en ofrecer dos pases a precios populares -1.200 ptas. con consumición incluida-, Jamboree puso su escenario al servicio de los artistas más emergentes del jazz barcelonés; músicos que se tuteaban con las jóvenes promesas de una escena neoyorquina en plena ebullición. De esta forma, un pianista como el hoy día reputado Brad Mehldau grabó uno de sus primeros discos en la cava de la Plaça Reial en compañía del entonces jovencísimo Perico Sambeat, Jordi Rossy y Mario Rossy. Jamboree era la casa de los jazzmen más prometedores del panorama nacional, pero también de mitos como Ricard Roda, Tete Montoliu, Francesc Burrull o Lou Bennett. Conjuntamente con los músicos del país, compartían cartel estrellas emergentes del jazz norteamericano como el citado Mehldau, Chris Cheek, Ethan Iverson, Seamus Blake o Avishai Cohen; con estrellas como Kenny Garrett, George Cables, Jesse Davis, Lonie Smith, Abdu Salim, Antonio Hart o Peter King; o con glorias como Cecil Taylor, Elvin Jones, Steve Grossman o Al Foster. Un plantel de músicos nacionales e internacionales de primera, inigualable para ningún otro club de jazz de la ciudad y, prácticamente, del resto del Estado.
Con la programación del Jamboree, dirigida tanto por los hermanos Mas, como por Aurelio Santos o por Judit Llimòs, Barcelona recuperó su condición de plaza fuerte del circuito internacional de jazz y el título de capital jazzística del sur de Europa. Durante los 90, además, fue el aparador del nuevo jazz que se desarrollaba en la ciudad condal y en el resto del mundo; una música que, gracias a la estrategia empresarial del grupo Mas i Mas, era seguida cada vez por un público más joven.
La actividad musical de la sala no se reducía solamente a la programación diaria –los 365 días del año - de dos sets de jazz, sino que se extendió al blues, con un concierto todos los domingo de este género de la mano de una banda residente y, desde 2001, con una jam session, llamada WTF!, en la que cada lunes se mezclan intérpretes de jazz con artistas de hip-hop y música electrónica, que sitúa en escena a decenas de jóvenes promesas y reúne a miles de aficionados jóvenes que en muchos casos tienen un contacto con el jazz por primera vez.
Hoy día, con una media de 30.000 espectadores anuales, la cava de la Plaça Reial es ya un referente indispensable para artistas y programadores autóctonos y de todo el mundo. Cuenta con una big band residente, la Big Acoustic Band, y sigue dando cobertura a los artistas clásicos y emergentes más preciados del panorama nacional e internacional.











