AUSCULTANDO A LA CRÍTICA ESPECIALIZADA

03 March 2015 per masimas a Entrevistes AUSCULTANDO A LA CRÍTICA ESPECIALIZADA

ENTREVISTA A PERE PONS.

Si los tiempos corren malos para la lírica, tendríamos que bajar muchos grados en la escala de epítetos para describir los que está padeciendo la crítica especializada de jazz, una especie en vías de extinción en palabras de nuestro entrevistado. Hace diez años, en una entrevista concedida a Carlos Pérez Cruz para Tomajazz (12), manifestaba un entusiasmo contagioso al ser preguntado por la situación del jazz en Cataluña y la zona de difusión de la revista Jaç, de la que fue director: “Se vive un momento de particular efervescencia tanto a nivel cualitativo como cuantitativo”. Hablaba por aquel entonces de la proliferación de sellos discográficos, de big bands, escuelas de música, festivales y ciclos…

¿Cómo ve el panorama ahora? ¿Se han cumplido las expectativas generadas en aquel momento?

En la actualidad veo que muchas de aquellas propuestas han cuajado y que siguen apareciendo nuevos valores que dan continuidad a esa dinámica. Es ilusionante constatar la 'fiebre' por el jazz en chavales de 12 y 13 años como los que forman la Sant Andreu Jazz Band, la valentía y el coraje de músicos consolidados como David Mengual que, sin ceder un gramo de su integridad, se entregan a proyectos tan difíciles como atractivos como la Free Spirits Big Band, solistas todo terreno como David Pastor, músicos que defienden su visión creativa como Giulia Valle o Marco Mezquida, adalides de la improvisación en la escena internacional como Agustí Fernández, y así podría seguir dando más y más ejemplos que representan las más de un centenar de novedades discográficas que cada año aparecen en Catalunya vinculadas al jazz. Lo que me pregunto es dónde están los medios, los altavoces y los espacios que hagan visible esa ingente creatividad. Es un contrasentido y a la vez el reflejo de un país que padece una cultura musical bajo mínimos. Queda mucho trabajo por hacer no solo hacia la opinión pública sino desde el mismo sector para que sea consciente de lo que representa y la importancia que supone lo que está generando y que, lamentablemente, muchas veces se vuelca en el vacío. Por suerte la pasión por la creación, y en este caso particular por el jazz, funciona como antídoto de lo que sería más natural: la frustración.

Las revistas de jazz en formato papel han desaparecido en España, mientras en otros países se mantienen algunas. ¿A qué cree que se debe?

La imposición del formato digital ha puesto en jaque tanto a la prensa convencional generalista como a la especializada. Los costes de redacción, diseño, edición, impresión y distribución, sumados a la caída de la publicidad en esos medios, los ha situado en una auténtica encrucijada. Y en el caso de las revistas culturales en este país, ya de por sí sostenidas por el voluntarismo, la vocación y el activismo de sus impulsores, la sostenibilidad se convirtió en un imposible. En otros países es cierto que se han mantenido algunas, aunque a la baja, gracias a un crédito de cultura musical que aquí estamos muy lejos de conseguir.  

¿Cómo surgió la idea de fundar la revista Jaç? 

La revista Jaç surgió gracias al impulso de la editora Grup Enderrock, que ya tenía en el mercado una revista de pop-rock y otra de música folk. Cuando me propusieron incorporarme a la editorial como responsable de publicaciones les expuse una única condición: añadir a la familia una revista de jazz dedicada especialmente a hacer visible la rica escena del jazz en Catalunya, servir de escaparate a los más de 80 festivales de jazz que se celebran cada año en el ámbito del territorio de lengua catalana (Catalunya, País Valencià i Balears) y reflejar las principales novedades de la escena internacional. Aceptaron el reto siempre y cuando les demostrara la viabilidad del proyecto y así fue mientras duró. Si no recuerdo mal existió desde el año 2003 al 2011.

¿Cuál es su balance de todos esos años?

El balance es más que satisfactorio. La complicidad del sector -discográficas, festivales, promotores, músicos, escuelas, etc- fue excelente y la respuesta de los aficionados fue tan entusiasta como la de las personas que llevamos a cabo el proyecto. Un sueño hecho realidad y eso siempre tiene algo de milagro.

¿Cómo es el día a día dirigiendo una revista de jazz?

Dedicación absoluta, sin tregua. Por la mañana seleccionando información, contactos, novedades, entrevistas…por la tarde redacción, edición y colaboradores y por la noche conciertos y actividades. Viviendo el jazz 25 horas al día. Y además impulsando iniciativas como la Asociación de Festivales de Jazz de Catalunya -AFEJAZZ-, coordinando la publicación de un cd o un dvd encartado en cada número de la revista, activando producciones musicales como la Miles Tribut Big Band, etc,

¿Volvería a montar una revista parecida si tuviese un respaldo económico importante…o cree que el formato papel ya no funcionaría?

Sería un caramelo envenenado. Como se suele decir empezar sería relativamente sencillo y estimulante, la dificultad es mantenerse. La revista Jaç, por ejemplo, pudo existir gracias a la estructura de un grupo editorial y así consiguió más de 1.000 suscriptores, unas ventas de quiosco de 2.000 ejemplares y unos ingresos publicitarios que cubrían el coste que suponía tener cada número en la calle que rondaba los 12.000 euros. Los buenos resultados de los primeros dos años animaron al Grupo Enderrock para convertir en bimestral la revista (originalmente trimestral). Fue una apuesta de riesgo porque suponía exigir más a los anunciantes y a los lectores. Funcionó bien durante los tres años siguientes, pero luego se sacaron de la manga la cacareada crisis y todo se fue al garete.

Para un proyecto así el respaldo económico debe estar exento de la obligación de convertirlo en un negocio, un ejercicio de filantropía de un mecenas apasionado por el jazz que tenga como propósito no perder dinero, porque si piensa que ganará dinero con ello mejor que haga una revista de embarcaciones de recreo. Lo del papel es cierto que es algo más romántico que práctico hoy día, pero se podría plantear una publicación digital actualizada y una versión en papel cada semestre, por ejemplo. De todas maneras es complicado porque el sector es tan precario económicamente que difícilmente podría sostener los costes con lo que podría aportar publicitariamente. Sería cuestión de buscar nuevas fórmulas más creativas e interactivas de financiación a  través de espònsores y/o patrocinios que vieran un beneficio en asociar su imagen con la etiqueta jazz, por ejemplo.

En la entrevista citada en la entradilla usted aportaba algunas definiciones de jazz como: “…quintaesencia de la creación en un estado de libertad suprema contrapuesto a la rigidez normativa de la denominada música clásica europea” ¿No cree que las escuelas de jazz pueden acabar uniformando y homogeneizando a los músicos y, en última instancia, inculcándoles la “rigidez normativa” que usted señala?

Creo que sea época ya pasó. En los primeros años de esas escuelas sí que parecía imponerse una cierta rigidez y una preocupante tendencia de seguir a rajatabla los manuales al uso y el Real Book. Ahora las nuevas generaciones ya saben sacar provecho de las escuelas para mejorar su formación y que les sirva de punto de partida para expresar sus creaciones según criterio personal y propio. Otra cosa sería que a diferencia del jazz del siglo XX el jazz del siglo XXI es menos vivencial y colectivo y más técnico e individual, pero eso ya va en consonancia con los tiempos y estamos viviendo una época actual de un conservadurismo a ultranza.

Usted ha escrito junto a Martí Farré una guía con los 100 mejores discos del jazz catalán (Els 100 millors discos del jazz catalá) ¿Qué criterios sigue para decidir si un disco es bueno o si debe incluirlo en una lista como esa?

Ya exponemos en el prólogo del libro que una lista o una selección siempre es imperfecta o injusta por naturaleza, porque depende de los criterios que establecen las personas que la llevan a cabo. De entrada nuestro propósito era poner al descubierto una serie de referencias que muchas personas, incluso los propios aficionados al jazz, desconocían o tenían en el olvido. Mejores o peores siempre es relativo. De hecho cuando expusimos esta propuesta muchos dudaban que se pudieran referenciar 100 discos bajo ese criterio. Al final conseguimos confeccionar una lista con más de 200 referencias y las pusimos a criterio de 25 críticos especialistas en jazz de toda la península para que votaran los 25 imprescindibles según su punto de vista. El recuento de las elecciones nos permitió tener las 100 referencias y de ellas, las primeras 25 son las que obtuvieron más votos. El criterio era que se pudieran consideran obras de referencia por la influencia de sus intérpretes y/o de sus composiciones.

En 2001 publicaba su libro Jazz. ¿Se venden los libros sobre jazz? ¿Cree que quizá el público podría verlos como si fuesen tesis doctorales, como trabajos rigurosos pero de lectura poco sugerente?

Mi libro "Jazz" de la editorial Celeste fue el último de la colección Géneros de Etiqueta y nunca supe cuántos ejemplares se vendieron porque la editorial desapareció justo pocos meses después. Supongo que las ventas de ese tipo de libros es más testimonial que otra cosa, pero en cambio del libro El cas Jamboree que publiqué en 2012 con la editorial Pagès se han despachado más de 1.000 ejemplares. Tal como está el panorama lo considero todo un éxito. Pero volvemos a lo mismo que cuando hablábamos de la revista: una publicación así no se puede plantear como negocio de entrada sino como una fuente documental necesaria. Y si es cierto que en muchas ocasiones ese tipo de libros se plantean desde un punto de vista excesivamente técnico y erudito -así como hay músicos de jazz más preocupados en demostrar lo que saben que en expresar emociones-, nunca me he visto identificado con ese perfil. Mi voluntad siempre ha sido más divulgativa, empática y apasionada y eso lo he aprendido durante los 25 años que he ejercido como crítico de música en diferentes diarios generalistas. 

Con la aparición de youtube y las redes sociales ¿cree que el público se sigue guiando por la valoración de los críticos musicales a la hora de escuchar música o (en un caso más optimista) de comprar un disco o acudir a un concierto?

El público tiene infinidad de opciones para forjarse un criterio propio y eso es positivo, siempre y cuando tenga claro cuál es su criterio. Lo que es imperdonable es que la crítica musical haya sido fulminada de forma sistemática de los medios en general. Siempre he entendido la crítica como una parte más de la obra musical y no como un complemento externo, pero eso nos llevaría a un tema mucho más extenso. En resumen: sin crítica una obra artística la considero incompleta. Lo preocupante es que hoy en día los que ejercen de 'críticos' en los blogs son fans y aficionados con más entusiasmo que conocimientos.

¿Ha perdido el crítico de jazz el prestigio que tenía? ¿O era un prestigio inmerecido?

El prestigio me importa una mierda. Partiendo del conocimiento de una materia, en ese caso el jazz, la crítica es una opinión -un punto de vista- que puede ayudar a completar la comprensión o la incomprensión de la obra que se critica y del autor que la genera.

¿Suele leer críticas de jazz o se guía por su instinto para interesarse por tal o cuál músico?

Por defecto me encanta leer todo lo que se escribe sobre cultura: música, cine, pintura, teatro, literatura, etc., sobre todo si está bien escrito. De hecho valoro más la estética que el contenido. No tengo ni idea de boxeo ni de toros, pero en cambio hay varios críticos taurinos y de boxeo que son mis preferidos.

¿Qué momentos de la Historia del jazz le parecen más interesantes? ¿Hay algún músico / época o estilo que le parezcan sobrevalorados o minusvalorados? 

Cada época del jazz tiene su atractivo singular, desde los orígenes en el crisol de Nueva Orleans, hasta la radiante época del swing, la revolución que supuso el bebop, la transgresión del free, la provocación del jazz-rock. Si tuviera que vivir una época me quedaría en un bucle entre el año 1959 y 1964, justo un año antes de que yo naciera. Sobrevalorado por ejemplo Brad Melhdau, sin duda un gran músico pero no veo en él el genio que ven algunos. Minusvalorado un referente del jazz de vanguardia como Ken Vandermark. 

¿Qué le diría a los puristas que defienden una tradición del jazz y no aprecian los diferentes tipos de fusión? ¿Cuál sería para usted esa tradición? ¿Cree en un canon por el que identificar si una música es jazz o no?

A los puristas les dejo la definición de pureza de Julio Cortázar: la combinación de puré más zas. La tradición es la base para la transgresión. El jazz es pura vida.

¿Cómo ve el futuro del jazz en España?

No soy pitoniso, pero le auguro más lucha, vocación, fuerza de voluntad y entusiasmo. Es nuestro underground más genuino.

¿Y el de la crítica especializada?

R.I.P. Especie en vías de extinción.

¿Tiene previsto algún otro proyecto editorial?

Proyectos siempre hay, pero todo a su tiempo, si es que llega.

¿Qué jazz o qué  músicos de la actualidad le parecen más interesantes, tanto en España como internacionales?

La lista sería muy larga: Ambrose Akinmusire, Jeremy Pelt, Nicholas Payton… que curioso, me han salido tres trompetistas a la primera. Por aquí, David Mengual, Marco Mezquida, Abe Rábade, Javier Colina, Joan Vidal, Gabriel Amargant…

Compositores como Stravinsky rechazaban firmemente la idea de escribir sobre música. Después de haber sido director de una revista de jazz y de haber publicado varios libros al respecto ¿qué argumentaría en contra de esa opinión?

Aquí puedo parafrasear a Frank Zappa: "El periodismo del jazz es gente que no puede escribir, entrevistando a gente que no puede hablar, con el fin de proveer artículos a gente que no puede leer".

 

Entrevista publicada en el libro commemorativo del ciclo 1906 de Estrella Galicia y que está signada por el periodista Quinito Mourelle.