What The Fuck!

Retomando el espíritu de las jam sessions que se habían celebrado durante los 90 en el mismo local, en 2001 el activista musical Aurelio Santos puso en marcha las What The Fuck Jam Sessions, bajo unos principios rompedores, originales y radicalmente diferentes de la concepción tradicional de jam session. De entrada, propuso dedicar cada sesión a un músico en concreto, que protagoniza la dinámica de la sesión. Quitó los asientos del patio de butaques y diseñó la sesión con dos partes muy diferenciadas: una en que la banda interpreta clásicos del jazz en formato acústico y otra en la cual se incorporan intérpretes de música electrónica y hip-hop instituyendo una fusión entre el jazz y las pulsaciones más modernas de la música afroamericana, como el hip-hop, el dub, el groove, el funk, o la música afrolatina.

La fórmula, inédita en nuestro país, ha seducido a artistas de la categoría de Llibert Fortuny –habitual de las WTF!-, Avishai Cohen, Mark Turner, Seamus Blake, Armand Sabal-Leco, Kurt Rosenwinkel, Albert Bover o Gorka Benítez. Ha servido también para dar a conocer nuevos valores del jazz barcelonés y, sobre todo, per crear afición entre la juventud –el sector de público predominante. Las WTF! se celebran durante todo el año los lunes por la noche y pasan por ser una de las propuestas con más seguidores de las que se programan en el Jamboree –conocidas son las largas colas que se forman en el exterior del local para poder entrar.

Atrevimiento, experimentación y promoción de la música en vivo san los rasgos básicos que rigen esta iniciativa insólita, única en el país, con casi 10 años de existencia. Una alternativa que cuenta con el apoyo de un numeroso grupo de incondicionales que cada lunes llena la sala alcanzando cifras a las que ningún otro club de jazz ha podido llegar. Una estética nueva, radical, diferente dentro del mundo del jazz, adaptada a los nuevos tiempos y a los públicos más inquietos de nuestra escena; un laboratorio de ideas de los músicos barceloneses, traducido en proyectos discográficos de vanguardia; una forma de mantener viva la llama del jazz.