LONNIE SMITH TRIO

08 April 2015 per masimas a Crítiques LONNIE SMITH TRIO

Antes de sumergirme en el terreno pantanoso de la crónica de concierto de jazz, pediré disculpas por adelantado a los auténticos expertos en la materia por la superficialidad de mi análisis, aunque sí que me dejaré llevar por las sensaciones. La velada que nos presentaba el Jamboree el sábado por la noche era tentadora y fascinante a partes iguales, incluso para un recién llegado a este universo musical como el que suscribe estas líneas. No en vano, a lo largo de la historia del jazz ha habido muchos maestros, decenas de gurús, numerosos virtuosos, pero solamente un doctor. Evidentemente me refiero al legendario Dr. Lonnie Smith, cuyo nombre siempre estará relacionado al sonido del Hammond y a la carrera de estrellas como Lou Donaldson y George Benson, que pusieron en sus manos el groove de sus composiciones más celebradas de los años 60 en el mítico sello Blue Note.

La visita del Doctor al pequeño club de la Plaza Reial de Barcelona se enmarcaba en el ciclo que conmemora el vigésimo aniversario de la muerte de otra leyenda del órgano, como es Jimmy Smith, y que también pretende ofrecer a los espectadores un regalo a la memoria del organista Lou Bennet, uno de los músicos más estrechamente vinculados a la historia del Jamboree. Sin duda, se trataba de una noche envuelta en misticismo y, sobre el papel, desprendía el eco de las grandes veladas.

Como si se tratara de un mal augurio del destino, el día amaneció gris en la Ciudad Condal y diluvió como hacía meses que no lo hacia. Las inclemencias del tiempo dejaron una atmósfera tan cargada que se podía ciortar con un cuchillo y se necesitaba cierta dosis de groove nocturno para recuperar la alegría de ese fin de semana de primavera. Y eso mismo es lo que buscaban los numerosos espectadores que acudieron al Jamboree, como si se tratara de una cita única. Además, pocas veces había visto a tantos fotógrafos acreditados cubriendo un evento en este club… incluso de turnaban en los mejores rincones de la sala para lograr sus preciadas fotografías de un icono del jazz como Dr. Lonnie Smith, que apareció con paso lento, pero firme gracias a su bastón, con su famoso turbante, la barba kilométrica y esa túnica que lo cubre como si se tratara de un miembro de la realeza. Porque, realmente, él es uno de los últimos reyes de la escena del jazz de Nueva York en activo.

En esta ocasión, el excéntrico organista iba arropado por dos jóvenes músicos de excepción, que aún no habían nacido cuando el Doctor grabó su primer álbum en directo en un club del Harlem en 1969. Se trataba del virtuoso Jonathan Kreisberg a la guitarrra y de Joe Dyson aportando su pulso firme a la batería. Pero es evidente que todas las miradas estaban puestas en Lonnie Smith, escondido siempre detrás del enorme Hammond y controlando el desarrollo de sus largas canciones a base de miradas cómplices a sus músicos y de gestos de gozo cada vez que las improvisaciones pasaban del silencio absoluto a un estallido de electricidad marca de la casa. Porque, sinceramente, el concierto se asemejó más a una extensa jam sesión en forma de montaña rusa, que a un repaso a sus temas más emblemáticos. En este sentido, los solos de Jonathan Kreisberg destacaron por encima de la maestría del Doctor, que no parecía dispuesto a arrancar todo el potencial de su órgano, aunque en ciertos momentos recuperó la imaginación de antaño y se dejó llevar por los ritmos funk que proyectaba Joe Dyson. Sólo entonces la velada nos llevaba por paisajes sonoros más emocionantes y los escasos momentos de escalofrío justificaron la peregrinación al Jamboree y fueron muy bien recibidos por el público. Aunque, al final, el envoltorio de leyenda con el que habíamos llegado nos dejó con más ganas de jazz y, sobre todo, de un bis que nunca llegó en el primer pase de la noche.

 

Texto: David Moreu. Fotos: Xavier Mercadé, excepto foto portada: David Moreu.

Staf Magazine

 

 

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